por H. C. Blok
Edgar Poe es quizás, dentro de la literatura estadounidense decimonónica, el escritor que romperá en mayor grado aquel molde filosófico realista – presbiteriano y anglosajón, tan dado al relato racional pequeñoburgués que rechaza todo aquello que vaya en contra del sentido del empirismo y la lógica comercial del mundo norteamericano.
Es Poe, si no el único, el principal disruptor dentro de la cultura norteamericana de mediados del siglo XIX. Su obra evocativa de las corrientes del romanticismo europeo de su época (Poe fue un gran admirador de Byron) si bien causaron admiración entre gran parte sus coterráneos, también les produjo una sensación de desasosiego inefable. Es que Poe – no queremos llamarle Allan, apellido adoptivo de su terrible “protector” -, es una planta exótica en su tierra; su literatura es de otras regiones, más nebulosas, más antiguas y románticas que las de aquel nuevo mundo lleno de sol y de espíritu práctico y de coraje aventurero; de comerciantes que, como Mr. Allan, están llenos de avidez por el dinero y el éxito en los negocios.
Edgar es la oveja negra de su familia adoptiva y de su país; pero es una oveja negra que dejará una huella imborrable en la historia de la literatura norteamericana, a pesar de los norteamericanos.
Poe es parte del movimiento de una época literaria y del pensamiento en la que encontramos a otros de su extraña especie – aunque no exactamente la misma -, como lo pueden ser Ralph W. Emerson, Herman Melville o Nathaniel Hawthorne.
Pero Poe es distinto a todos ellos: en palabras de la señora Sarah K. Bolton (1), “Edgar Allan Poe fue quizás uno de los más brillantes escritores que hayan existido jamás. Pero sus obras pertenecen a un mundo distinto que las de Longfellow, Lowell, Whittier, Holmes, Bryant o Emerson. Estos últimos se movieron en los dominios de la naturaleza, la alegría, la felicidad, la esperanza y la desenvoltura. Poe habló desde los abismos de la depresión. Vivió en lucha permanente con la pobreza y toda su existencia fue una tragedia. Sin embargo, Por una ruta oscura y solitaria / Sólo frecuentada por ángeles malditos… se convirtió en uno de los poetas eminentes del mundo”.
Edgar Poe es una sobredosis terrible de literatura gótica; es la quintaesencia del relato de terror y lo más fino del cuento analítico – policial; de la precisión meditada del poema, de los estados de ánimo morbosos y de la desesperación del hombre que se encuentra en ese proceso trágico y desgarrador de transición entre el pasado y la modernidad.
Poe es el “niño terrible” de Norteamérica; es el último grito angustiado de un pasado evocado de la vieja Europa que, encarnando en el escritor del Cuervo y la Caída de la Casa Usher, emite ese aciago graznido destemplado de… “jamás, y nunca más”.
(1) Sarah K. Bolton, escritora norteamericana (1841 – 1916). Famosos Autores Americanos, Ed. Plaza & Janes, S. A. 1966.