Observando las hormigas

Composición y fotografía: Flavia Sanches
Sentado en el patio de mi casa me llama la atención un grupo de hormigas. Hay una que lucha denodadamente contra el viento para trasladar una hoja que al menos le duplica en tamaño. Cada vez que avanza unos centímetros el viento la vuelve hacia atrás, sin embargo, sigue adelante con mucho esfuerzo y voluntad.

 

por Mario Cuomo

 

30 de agosto 2025

 

Sentado en el patio de mi casa me llama la atención un grupo de hormigas.

Hay una que lucha denodadamente contra el viento para trasladar una hoja que al menos le duplica en tamaño. Cada vez que avanza unos centímetros el viento la vuelve hacia atrás, sin embargo, sigue adelante con mucho esfuerzo y voluntad.

En dos filas paralelas, una en una dirección y la otra en la contraria, varias de las que se dirigen en ambas direcciones, se detienen y se tocan con sus antenas, por lo que infiero que están comentando sobre el clima, las noticias del día o tal vez estén criticando a la reina disconformes con su modo de gobernar.

Veo a algunas trasladando un grillo que apenas se mueve. No sé si el bicho fue dominado por ellas o si ya la naturaleza había realizado parte de la faena.

En otro sector de ese universo ceñido a mi patio trasero, observo a dos trabadas en lucha. Tal vez una le propino algún insulto a la otra o simplemente son de distintos hormigueros – partidos políticos o ideologías -.

También soy testigo de un escarabajo que está panza arriba tratando de asirse al aire para poder volver a poner sus patas en el piso, que estimo es su postura normal, por lo cual se lo denomina “escarabajo”. Lo rodea una pequeña población de hormigas que seguramente están tratando de trasladarlo al hormiguero a los fines de prepararlo para la cena.  Evidentemente en esa posición es presa fácil y seguramente le queda poco aire de vida.

También en ese pequeño mundo se desarrollan dramas, alegrías y tristezas.

Tanto en el caso de las que luchan con la hoja, como en el de las que llevan al pobre grillo, de las que pelean, o del escarabajo, siento un impulso por intervenir, es decir, ayudar a la hormiga con su hoja, al grillo a salvar su vida, separar a las contendientes, ayudar al escarabajo o acabar con todos esos dramas con un simple pisotón.

En ese momento me siento un dios omnipotente.

Pero ¿quién soy yo para intervenir en ese microcosmos y alterar sus propias reglas de vida?

No obstante, siento el impulso de ser, aunque más no sea parcialmente, un dios bueno, y doy vuelta al escarabajo. Las hormigas se alejaron.

Esa reflexión me invito a hacerme una pregunta: ¿y si nosotros somos observados de la misma manera por alguien con poderes que no alcanzamos a comprender? Este podría ser considerado también un dios por nosotros.

En ese caso nosotros seríamos las hormigas, los grillos y los escarabajos.

De ser así, dependeríamos de un ser que a veces decidirá aplanarnos contra el piso y en otras ayudarnos. Para nosotros sería imposible saber la razón por la cual toma una u otra decisión.

Es decir, nunca sabríamos si seríamos salvados o aplastados con una zapatilla.